Siempre nos imaginamos que un niño tiene por mascota un perro, un gato…hasta un pollo. Pero ¿una serpiente?
Pues resulta que sí, es posible. Así como ésta serpiente llegó a la casa de un niño de pura curiosidad. Lo cierto es que el pequeño ni se inmutó y decidió cuidarla. Desde ese minuto es un miembro más de la familia.
Ambos tienen una relación muy estrecha. Incluso duermen y juegan juntos.
Los padres se mostraron preocupados por el nuevo amigo de su hijo, pero fue inevitable que la relación entre ambos creciera.
Tanto así, que lo primero que hace el niño al volver de la escuela es ir corriendo donde su amiga para jugar.
Aunque no es la mascota que un padre espera para su hijo, lo cierto es que ambos son felices.
¿Qué te pareció? ¡Comparte!






