En junio del 2014 Susan Hickman encontró un huevo pequeño abandonado en el suelo, probablemente se debió haber caído de un nido, pero el huevo tenía una grieta bastante grande. Las esperanzas de que el pájaro dentro sobreviviera eran mínimas, pero al recogerlo, no podía creer que el bebé todavía estaba vivo.
A pesar que expertos en aves le dijeron a esta mujer, que era muy probablemente el pajarito no resistiría, ella luchó por él. Susan llamó al pajarito Klinger, y se dedicó a su recuperación.
Durante las dos primeras semanas, Susan tuvo que alimentar a Klinger cada 20 y 30 minutos. A pesar que era un proceso lento, ella sabía que debía seguir luchando por la vida de Klinger. Ella tenía una conexión con el ave que había salvado.
Susan había planeado dejar libre a Klinger a penas fuera más independiente,pero no pudo.
“Klinger fue criado solo desde que nació. Un ave sola no puede ser criada sin improntar en su cuidador”, declaró Susan en un video que cuenta la historia de Klinger.
Una página sobre aves, explica que «la impronta es un proceso mediante el cual las crías se identifican con los adultos de su propia especie y aprenden de ellos, por observación e imitación, los métodos para encontrar comida, refugio, seguridad y todo lo que conlleva el aprendizaje para la supervivencia, incluyendo comportamientos de agresividad, sumisión, apareamiento, de defensa, etc”.
Klinger no vivió este proceso porque fue criado por un humano. Por lo tanto Susan temía que, si dejaba libre al pequeño pajatito, éste podría morir.
Sin embargo, él tenía su hogar y podía vivir con Susan por siempre.
Esta es su historia:
Es una historia maravillosa de amor y perseverancia.
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